Cuentan que la naturaleza siempre le ha temido a la soledad, porque no se creía capaz de crecer sola, sin sus montañas, ríos y bosques. Pero sin darse cuenta un día confirmó que a veces la soledad no es tan mala. El echo de no tener que depender de nada le gustó y así fue como la naturaleza se volvió independiente.
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